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Me dijeron que los headhunters van a desaparecer. Tienen razón.

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Me dijeron que los headhunters van a desaparecer. Tienen razón.
Pero no los que crees.

Hace unos años, en una reunión con un gerente corporativo de Recursos Humanos, escuché una predicción que no he olvidado. Me la dijo con la convicción de quien cree estar adelantado a su tiempo: «Los headhunters van a desaparecer. Todo lo va a hacer LinkedIn o una IA. Ustedes solo van a evaluar candidatos, ya no van a tener que buscarlos.»

Sonreí. No lo contradije.

Pero este artículo es mi respuesta.

Porque el gerente tenía razón. Un tipo de headhunter sí va a desaparecer. El que publica un aviso, espera que lleguen CVs, filtra por palabras clave y llama a quien levantó la mano. Ese ya no hace falta. Una plataforma lo reemplaza mejor y más barato. Y lo está reemplazando ahora mismo.

El problema es que ese perfil lleva años llamándose headhunter. Y esa confusión le ha costado caro a las empresas que contrataron el servicio sin saber exactamente qué estaban comprando.

Lo que está en extinción no es el headhunter. Es una categoría entera.

La industria lleva décadas operando en dos ligas distintas con el mismo nombre. Una busca mandos medios, jefaturas, posiciones especializadas de volumen. La otra busca C-Level, dirección general, gerencias de primera línea en sectores donde el talento no está visible: minería, energía, oil & gas, agroindustria.

Arancha Ruiz describe esta división con precisión en Qué busca el headhunter: la búsqueda directa, donde cada mandato inicia un estudio ad hoc del mercado, y la búsqueda indirecta digital, donde el encargo se cubre con candidatos que ya están en cartera, captados a través de publicidad y bases de datos automatizadas. Dos modelos. Dos negocios. Un solo nombre que los confunde a los dos.

El modelo de volumen tiene los días contados. LinkedIn Recruiter, las plataformas de IA y los equipos internos de atracción bien entrenados hacen ese trabajo igual o mejor. El diferencial que tenían esas firmas, acceso masivo a perfiles, ya no es diferencial. Lo tiene cualquiera.

Lo que no desaparece es lo que nunca se pudo automatizar.

LinkedIn sirve. Nadie lo niega.

Usamos LinkedIn todos los días. Es inteligencia de mercado invaluable. Nos ayuda a saber quién es quién, en qué empresa está, por dónde ha pasado. Para mapear un sector antes de iniciar una búsqueda, no hay nada más rápido.

Pero identificar no es contactar. Y ahí empieza el problema real.

El ejecutivo que necesitas no está revisando su bandeja. Está en una reunión de directorio. Está cerrando el presupuesto anual. Está liderando una expansión regional. El talento que agrega valor no está disponible porque está ocupado agregando valor. Muchos ni siquiera tienen el perfil actualizado. Solo aparece el cargo, sin funciones, sin logros, si ya cambio de trabajo, sin señal de movimiento en tres años o no tiene un usuario activo.

Un motor de búsqueda no puede trabajar con información que no existe. Depender de que el candidato tenga su perfil al día es una dependencia que te ciega justo donde más necesitas ver.

Y hay algo más. Una llamada directa, de alguien que fue a buscarte porque confía en quien te recomendó, tiene un impacto completamente distinto a un InMail genérico. No es lo mismo ser encontrado que ser llamado. Uno comunica que alguien hizo la tarea. El otro, que entraste en un filtro masivo.

Ningún algoritmo lee entre líneas.

Si el consultor no sabe leer lo que el cliente quiere en realidad, presentará candidatos que serán rechazados a pesar de cumplir los requerimientos aparentes del perfil. A veces incluso coloca a alguien que descubre al poco tiempo que ese puesto fue un tropezón, no un salto.

Porque la necesidad real de una empresa nunca está completamente en la descripción de cargo. Está en la dinámica del equipo directivo. En si la cultura puede absorber a alguien que viene de una organización diez veces más grande. En si el liderazgo actual necesita un perfil que desafíe o uno que acompañe. En si el inglés «avanzado» del CV es el de quien negocia contratos en Nueva York o requiere solo un nivel técnico.

Eso no lo detecta un filtro. Lo detecta un criterio construido con años de conversaciones reales, con cientos de entrevistas, con la cicatriz de haber presentado al candidato equivocado una vez y haber entendido exactamente por qué.

Mi mantra tiene doce años de respaldo.

En Adconsult partimos de una convicción que no ha cambiado: el candidato talentoso no está buscando, está agregando valor en su actual empleo. A ese hay que ir a encontrarlo, persuadirlo, venderle la propuesta con argumentos que lo muevan de un lugar cómodo hacia algo mejor.

No es reclutamiento. Es seducción estratégica. Requiere preparación, timing y la capacidad de hablar el mismo idioma que alguien que no necesita nada de ti. Nuestra base de candidatos no viene de formularios. Viene de networking real: eventos del sector, convenciones, proyectos anteriores, referencias de personas en quienes confiamos.

En doce años, Adconsult no ha publicado una sola búsqueda ejecutiva. Y en doce años hemos colocado gerentes de primera línea en ocho países de Latinoamérica, con una tasa de permanencia del 98 %

Eso no lo produce un aviso.

Tres preguntas para saber si tu headhunter realmente busca.

Antes de contratar un proceso de búsqueda ejecutiva, o antes de evaluar si el que tienes está haciendo su trabajo, pregunta esto:

¿Te visita? Un headhunter serio pide reunión presencial con el cliente interno y/o visita las oficinas. La cultura de una empresa no se lee en un MOF, se respira. Las interacciones, los espacios, las dinámicas del equipo, todo eso es información que define el perfil real. El que recibe el perfil por correo, levanta el encargo por Teams y publica al día siguiente no está buscando. Está administrando.

¿Va más allá del perfil? El MOF describe el puesto. El headhunter bueno entiende el contexto: los retos inmediatos del área, el momento de la compañía, si necesitas un Gerente General con foco financiero, operacional o de desarrollo de negocios. Ese contexto no está escrito en ningún documento. Si no te lo pregunta, no lo sabe. Y si no lo sabe, no puede buscarlo.

¿Te entrega inteligencia de mercado con datos? Bandas salariales actualizadas, estructuras organizacionales del sector, perfiles disponibles y no disponibles, tendencias. Todo con base en investigación real, no en opinión. El que no tiene esto te dirá «no hay candidatos» o «no están interesados». Sin evidencia, sin contexto, sin datos. Esa respuesta no es un informe. Es una excusa.

Antes de contratar a cualquier headhunter, entra a sus redes, revisa su página y mira la cantidad de publicaciones que tiene. Ahí está la respuesta.

El detective no espera que el sospechoso se entregue.

Sherlock Holmes dijo algo que Arancha Ruiz cita con exacta pertinencia: «Es mi negocio averiguar lo que los demás no saben.»

Eso es el executive search real. No es administrar candidatos que llegaron solos. Es construir la hipótesis correcta sobre quién existe en el mercado, ir a buscarlo donde nadie más mira, y convencerlo de que vale la pena escuchar. Es trabajo de detective, no de recepcionista.

El gerente de Recursos Humanos que me hizo la predicción no estaba equivocado sobre la dirección del mercado. Una parte de esta industria sí va a desaparecer. La que nunca supo realmente buscar, la que dependió de que el talento levantara la mano, la que confundió tener acceso con tener criterio.

El que no desaparece es el que va a buscar donde otros no llegan. Ese nunca publicó.

Otto Morales es CEO y socio fundador de Adconsult Executive Search & Salary, firma boutique de headhunting e inteligencia salarial con presencia en 8 países de Latinoamérica.

 

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